¿Y tú fluyes o empujas?

“Si fluyes vives la magia sorprendente, rica y abundante de la incertidumbre. Si empujas, vives bajo la falsa creencia de intentar controlar el flujo de la vida” Anónimo

Hace unos días, una amiga muy querida me mandó una reflexión acerca de este tema y aunque ya se ha vuelto un lugar común lo de “fluye”, creo que siguen existiendo aspectos que se puedan rescatar. Nos han enseñado que debemos hacer todo lo posible para lograr lo que deseamos, pero ¿hasta qué punto llega esto? Muchas veces confundimos el poner todo de nuestra parte con obsesionarnos con algo. Si bien es cierto que las situaciones o las cosas no van a llegar a nosotros por obra de magia, mientras esperamos sentados, tampoco el otro extremo es correcto, ya que muchas veces “morimos” de agotamiento en el intento por conseguirlo. Esto también tiene que ver con nuestras expectativas en relación a lo que deseamos. Algunas veces nos planteamos objetivos totalmente fuera de la realidad sin importarnos si son alcanzables o no. Por ejemplo, quieres que tu pareja te quiera como tú esperas. Si analizas bien tus necesidades, probablemente lo que quieres es sentirte importante, [email protected] y eso no necesariamente te lo tiene que proporcionar el otro. Escúchate y ve de qué manera puedes tú regalarte aquello que necesitas. ¿Cedes constantemente a los deseos de los demás sin oír tu voz interior? ¿Te haces caso cuando tu intuición te dice algo?

Si empiezas por ti, seguramente te darás cuenta de que existen muchas formas de demostrar amor. En ocasiones hay que ser humildes y aceptar nuestras propias limitaciones y rendirnos ante la vida como algo mucho mayor que nosotros mismos. Esto significa aceptar que por más que queramos algo, existen el libre albedrío del otro y variables en las circunstancias que son ajenas a nosotros mismos. A veces perdemos la percepción entre lo que es posible o no y es importante que insistamos en darnos momentos para sentir y pensar y ser realistas. Hacer un inventario de los recursos y herramientas con los que cuentas hoy para ir dando pasos poco a poco. Hay que saber cuándo acelerar, cuándo frenar y cuándo cambiar de camino. Esto lleva tiempo y es una maestría de vida, porque es muy fácil que nos dejemos llevar por el entusiasmo y perdernos en el intento. Le tememos a la incertidumbre y quisiéramos conocer con certeza lo que va a pasar en el futuro y nuestros intentos por controlarlo hacen que batallemos de más. Pero hay ocasiones en las que, siendo honestos, es preferible no saber lo que viene y que seguramente será mejor que una realidad certera en la que no eres feliz. Deja de perder tu energía empujando algo que no te corresponde y aviéntate al río de la vida sin nadar contra corriente ¡Disfruta el viaje!

No cabe duda de que los seres humanos somos canales de luz y que cada vez que elegimos compartirla,  la luz del otro ilumina nuestro camino. (Foto: Pixabay)

Hace 15 días platiqué acerca de una historia que me contó  Shimon Sarfati, en la que un maestro les decía a sus alumnos: que el infierno era una escena en la que estábamos todos hambrientos frente a un plato enorme de comida, pero no podíamos meternos la cuchara en la boca porque nuestros antebrazos estaban sujetados y no los podíamos doblar. Cuando les preguntó ¿qué era el cielo?, ninguno supo responder. El maestro les dijo: “El cielo es cuando tú le das de comer al de tu derecha con tu cuchara y el de la izquierda te da a ti con la suya”.
A un mes de haber ocurrido el sismo, he sido testigo de que podemos estar en el cielo.  Esta historia es verídica: una mujer perdió su casa en el temblor, sin embargo muchos de sus amigos no lo sabían, porque durante esos días estuvo ayudando a todos sus vecinos damnificados en esa zona.

Día y noche publicaba en sus redes sociales lo que se estaba viviendo ahí, a través de videos, frases de aliento y trabajo físico. Parecía que era alguien muy comprometido y con un deseo enorme de asistir a los demás, pero jamás se nos hubiera ocurrido que ella misma estaba pasando por uno de los peores momentos de su vida. 

Se le veía serena, dando frases de aliento y compasión para todas las personas que estaban sufriendo. Siempre con una sonrisa y una paz que tranquilizaban.

Pasaron las semanas y un día por fin decidió comentar a estos amigos lo sucedido. Naturalmente nadie lo podía creer. Entonces surgió una cadena de apoyo para ella. Cada quien a través de sus contactos pidió ayuda. La respuesta fue inmediata. Nunca se preguntó el nombre de la persona afectada, simplemente cada quien dio lo que pudo y como pudo. 

Lo impresionante fue que en el proceso empezaron a surgir milagros para quienes estaban asistiendo de manera desinteresada. Contaron que al recoger los donativos en especie, parecía que tenían que estar ahí, porque quien los entregaba de alguna manera, les daba la solución “sin quererlo”,  a problemas que tenían quienes estaban reuniendo todo.

 No cabe duda de que los seres humanos somos canales de luz y que cada vez que elegimos compartirla, la luz del otro ilumina nuestro camino. Una sola vela puede iluminar un cuarto totalmente obscuro, imagínate si todos encendiéramos la nuestra. Continuemos con este trabajo que iniciamos en septiembre y no permitamos que nuestras flamas se extingan.

Si exageras y te enfocas en algunos y dejas otros, tu “mesa” quedará descalza.

 

Formamos parte de distintos grupos o sistemas y en cada uno hay ciertos parámetros que nos dicen qué se puede y qué no y la medida en la que se hacen las cosas dentro del mismo.
Nuestro primer sistema es el familiar, después viene el escolar, el de los amigos, el del trabajo, el de nuestro país, el del club, entre muchos otros. Para pertenecer es importante que sigamos estas reglas. Sin embargo, muchas veces, o en la mayoría, nos damos cuenta que se contraponen. 

Por ejemplo: en tu casa se comía diario entrada, sopa, carne, acompañamiento y postre y llegas a casa de un amigo en el que hay ensalada y pasta. Llegabas a tu casa y le decías a tu mamá que te dieron “poquitito” de comer y cuando tu amigo llegaba de tu casa, ya no quería comer en tres días porque había comido “muchísimo”.

O en la adolescencia,  que te quedabas a dormir en la casa en donde no les decían que se fueran a dormir temprano y podían desvelarse hasta que quisieran.

¿Quién está bien y quién está mal? Por supuesto que ninguno, depende del lugar en el que se esté…

Conforme crecemos y maduramos vamos reconociendo lo que funciona mejor para nosotros mismos, a identificar cuál es el equilibrio en el que nos sentimos bien. Probablemente tuvimos experiencias que nos parecieron divertidas al principio, porque sentíamos que hacíamos travesuras y otras en las que nos sentimos limitados por no poder ser o hacer las cosas de la manera en la que estábamos acostumbrados.

Sin embargo, una vez que reconoces la medida exacta para ti, puedes moverte en un rango hacia un lado o hacia otro, sin que te sientas afectado o que pierdas tu propia identidad.

Aquí el chiste es ir haciendo este trabajo de reconocimiento. Y no porque consideres que algo es “bueno” lo lleves al límite de la exageración. Y más en esta época en la que somos invitados a llevar todo hasta el exceso: la alimentación, el ejercicio, la moda, la meditación, tomar agua…

Lo que propongo  es que logres una estabilización en los aspectos físico, mental, emocional, espiritual y energético para que vivas balanceado. Si exageras y te enfocas en algunos y dejas otros, tu “mesa” quedará descalza.

La sociedad civil se ha organizado como nunca. Personas de todas las edades sin distinción alguna nos unimos por una causa común: apoyar a los afectados. (Foto: Pixabay)

En estos últimos días nos ha quedado claro de lo que somos capaces los mexicanos en momentos de crisis. La sociedad civil se ha organizado como nunca. Personas de todas las edades sin distinción alguna nos unimos por una causa común: apoyar a los afectados.
Cada uno, desde nuestras posibilidades hemos hecho lo que está a nuestro alcance y muchos de una manera muy creativa. Hay quienes ofrecen su trabajo a cambio de donativos, los que solicitan bolsas de súper para tejer colchonetas, artistas que han elaborado obras para ser vendidas, diseños de libros infantiles con dibujos para colorear, acopio de maletas para mudanzas, sin olvidar la gran cantidad de grupos de meditación, apoyo psicológico, físico y moral.

La lista es muy larga y hay opciones para auxiliar a familias, bebés, personas de la tercera edad, jóvenes, en las zonas afectadas. Y son tantas que nos sentimos confundidos. Por eso te propongo que escojas una causa y te comprometas con ella. La que tú elijas.
Percibí que muchos se sienten culpables al ver a los héroes anónimos en las zonas de desastre y se lamentan porque creen que no han hecho lo suficiente, pero no es así: en un sistema lo interesante es que cada integrante realice una labor distinta que se complemente. Imagínate si en una fábrica todos se dedicaran a la producción, no podría salir adelante.

Ahora lo que sigue es ocuparnos en mantener esta unión y que no se esfume una vez terminada la emergencia. El hashtag #FuerzaMéxico es sinónimo de solidaridad, de jalar parejo, de dar lo mejor de nosotros para una causa común, de “sí se puede”, de compasión, de amor…
Alguna vez me contaron esta historia: Un maestro les decía a sus alumnos que el infierno era una escena en la que estábamos todos hambrientos frente a un plato enorme de comida, pero no podíamos meternos la cuchara en la boca porque nuestros antebrazos estaban sujetados y no los podíamos doblar. Cuando les preguntó que qué era el cielo, ninguno supo responder. El maestro les dijo: “El cielo es cuando tú le das de comer al de tu derecha con tu cuchara y el de la izquierda te da a ti con la suya”.

Sin duda, a pesar de todo este sufrimiento hemos experimentado lo que es el cielo y espero de todo corazón que las palabras de Alexander Vidal-Naquet sean recordadas por nosotros todos los días: “#FuerzaMéxico no sólo es una ‘hashtag’, sino una forma de vida”.

¿Y qué tal que pudieras eliminar esa ventana y darte cuenta de todo lo demás que no sabías que existía?. (Fotos: Pixabay)

Como sabes, lo que escribo está basado en mi experiencia personal y como terapeuta, siempre he sido muy curiosa y mi búsqueda por estar en mi mejor versión es constante.  Mi pasión es compartir lo que he aprendido para que tú puedas elegir si eso puede funcionar o no para tu vida.
Fue en este camino que descubrí una herramienta muy poderosa: Las barras de Access Consciousness. Gary Douglas, su fundador, dice: “La pregunta empodera y la respuesta siempre desempodera”. Y bajo esta premisa es que él descubrió, a través de una canalización, que tenemos 32 puntos en la cabeza a los que llama barras y que almacenan pensamientos, creencias, ideas, actitudes y consideraciones que nos limitan para crear nuevas posibilidades en nuestra vida.

Si seguimos los mismos patrones que ya conocemos, ya sea que nos hayan funcionado o no, seguramente vamos a cerrarnos a todo lo demás que existe. Es como observar un jardín a través de una ventana: solamente puedes apreciar lo que está enmarcado. ¿Y qué tal que pudieras eliminar esa ventana y darte cuenta de todo lo demás que no sabías que existía?.

En una sesión el consultante está acostado y el practicante toca suavemente estos puntos de manera en la que todos estos “archivos” limitantes se eliminan. Es como oprimir el botón de “borrar” en una computadora. Al “correr” las barras las ondas cerebrales reducen su velocidad y entras en un estado de relajación muy profundo e incluso puedes quedarte dormido. Cuando estás así, tus barreras bajan y esto permite llegar a todas estas creencias y puntos de vista desde los que te has estado moviendo durante tu vida. La finalidad de estos procesos es ayudar a las personas para que puedan expandir su conciencia y que empezará a funcionar desde un lugar de no juicio, desde su Ser Infinito. 

Cada uno de estos puntos libera consideraciones en aspectos como: poder, dinero, control, creatividad, sexualidad, gratitud, envejecimiento, comunicación, tiempo, espacio, entre otros.

Cualquier persona, incluyendo niños, puede recibir una sesión que tiene una duración aproximada de una hora y media.  La sensación inmediata es de una relajación muy profunda y poco a poco empezará a darse cuenta de que existen muchas opciones que ni siquiera había considerado. Mi experiencia fue de una total expansión hacia lugares y oportunidades que no me habían pasado por la cabeza o que creía imposibles. Uno de los aspectos que más aprecio aquí es que la diversión juega un papel muy importante.  ¿Estás dispuesto a elegir más gozo en tu vida?

 

El cuerpo es un vehículo que en armonía con nuestra alma forman el mejor equipo. (Foto: Pixabay)

La semana pasada hablé de las veces que nos sentimos “jalados” hacia una situación o a un lugar y que no entendemos por qué y cómo, cuando seguimos ese llamado, nos encontramos con un regalo totalmente inesperado, ya que se trata de un mensaje de nuestra alma. Después de la travesía que realicé para tomar el taller del Ser, a las pocas horas comprendí el regalazo que había recibido.

Nancy García es terapeuta y cuenta con más de 40 años de experiencia en distintos temas: PNL, Método Yuen, Reconexión y Access Consciousness, entre muchos otros. Vive en Nueva York y vino a presentar por primera vez este trabajo a México con la idea de expandirlo para que seamos cada vez más las personas que podamos estar alineados con nuestro cuerpo y nuestro Ser, que es lo ideal para lograr la transformación que muchos estamos buscando.

Con su serenidad y sabiduría, nos enseñó cómo el cuerpo es un vehículo que en armonía con nuestra alma forman el mejor equipo. Cada uno de los participantes escogió un tema en el que quería trabajar ese día: amor, seguridad, temas financieros, familia y nos fue llevando de la mano a través de ejercicios muy prácticos para que aprendiéramos cómo trabajar cualquier tema por nuestra cuenta.

Lo hicimos  con nuestra percepción, a confiar en ella para poder comprender a los demás, eliminamos juicios que nos han sido impuestos o que “compramos” bajo la premisa de que todos somos uno y cómo el otro funciona como nuestro propio espejo.

Y lo más importante es que con su metodología, logramos llegar hasta la raíz del problema que nos aquejaba y entendimos la forma en la que somos responsables de lo que vivimos o de cómo lo vivimos. En otras palabras: confirmamos cómo las respuestas están dentro de nosotros mismos, aunque insistamos en buscarlas afuera. Es de los talleres más profundos y completos que he tomado en mi vida. Tanto que le pedimos por favor que continuara con esta formación en nuestro país.   
Ella sigue desarrollando y enriqueciendo éste y otros cursos para que sus alumnos —y, de hecho,  todo el que lo deseé— podamos seguir con nuestro proceso de crecimiento y certificarnos dentro de este sistema. Dentro de sus planes está volver en el último trimestre de este año. ¡Espero con mucha emoción su regreso!