¿Cómo lograr vivir en plenitud?

Para lograr vivir en plenitud debes analizar tus acciones, pues muchas veces decimos querer algo y nuestras acciones indican lo opuesto.(Foto: Pixabay)

“Plenitud no sólo es la meta, es también el camino que nos lleva a ella”, César S. Fuentes

 

Se dice que la plenitud es el estado de la persona o cosa que ha alcanzado su máximo grado de desarrollo. Por eso, para vivirla, es indispensable utilizar al máximo todos nuestros talentos y habilidades, es decir, nuestro potencial. El problema radica en que muchas veces no estamos unificados: separamos lo “bueno” de lo “malo”, decimos querer algo y nuestras acciones indican lo opuesto. En otras ocasiones, por el contrario, queremos unir lo que ya no puede estar unido. Por ejemplo: mantenernos en relaciones de cualquier tipo en las que sabemos que ya se terminaron hace tiempo y que tal vez lo único que nos une es un cariño por lo que fue, o seguimos esperando que los demás cambien.

Cuando estamos en un estado de insatisfacción, nos atoramos en éxitos que alguna vez tuvimos en el pasado y nos quedamos estancados ahí, como si la vida hubiera acabado en ese momento. O vemos los triunfos de alguien más y con ello justificamos nuestros propios fracasos.

Si te das cuenta que estás en alguna de estas situaciones, es que tú [email protected] estás evitando vivir en plenitud. Es importante que hagas una revisión de qué te está impidiendo que tus acciones sean congruentes con tus deseos o para qué te mantienes en lugares en los que ya no estás creciendo ni tú ni los otros, en donde ya no hay un crecimiento mutuo, sino más bien un obstáculo para transformarte positivamente.

El ver los logros de otra persona, puede ayudarte como inspiración. La envidia no te sirve más que para lastimarte. Observa qué cualidades tiene esa persona y revisa si las puedes encontrar en ti. Muchas veces no podemos encontrarlas y se nos facilita verlas en el otro. Un ejercicio que puedes hacer es imaginarte a la persona en cuestión y pedirle, con tu corazón que te “preste” aquello que admiras en él o ella y de esta manera podrás sumar a tus características estas nuevas.

En cuanto a tus éxitos del pasado, confía en que si una vez lo lograste, con toda seguridad podrás hacerlo de nuevo. Haz una lista de tus talentos, habilidades que te ayudaron en aquel momento. Y vuelve a hacer uso de ellos. ¡Son tuyos! Y lo más importante, activa la emoción que te llevó a esos logros. Asumirte [email protected], unificarte, agradecer y vivir en el presente y aceptar a los demás tal y como son sin tratar de cambiarlos, son los ingredientes para vivir en plenitud. Empieza hoy y disfruta el proceso.

El cuerpo es un vehículo que en armonía con nuestra alma forman el mejor equipo. (Foto: Pixabay)

La semana pasada hablé de las veces que nos sentimos “jalados” hacia una situación o a un lugar y que no entendemos por qué y cómo, cuando seguimos ese llamado, nos encontramos con un regalo totalmente inesperado, ya que se trata de un mensaje de nuestra alma. Después de la travesía que realicé para tomar el taller del Ser, a las pocas horas comprendí el regalazo que había recibido.

Nancy García es terapeuta y cuenta con más de 40 años de experiencia en distintos temas: PNL, Método Yuen, Reconexión y Access Consciousness, entre muchos otros. Vive en Nueva York y vino a presentar por primera vez este trabajo a México con la idea de expandirlo para que seamos cada vez más las personas que podamos estar alineados con nuestro cuerpo y nuestro Ser, que es lo ideal para lograr la transformación que muchos estamos buscando.

Con su serenidad y sabiduría, nos enseñó cómo el cuerpo es un vehículo que en armonía con nuestra alma forman el mejor equipo. Cada uno de los participantes escogió un tema en el que quería trabajar ese día: amor, seguridad, temas financieros, familia y nos fue llevando de la mano a través de ejercicios muy prácticos para que aprendiéramos cómo trabajar cualquier tema por nuestra cuenta.

Lo hicimos  con nuestra percepción, a confiar en ella para poder comprender a los demás, eliminamos juicios que nos han sido impuestos o que “compramos” bajo la premisa de que todos somos uno y cómo el otro funciona como nuestro propio espejo.

Y lo más importante es que con su metodología, logramos llegar hasta la raíz del problema que nos aquejaba y entendimos la forma en la que somos responsables de lo que vivimos o de cómo lo vivimos. En otras palabras: confirmamos cómo las respuestas están dentro de nosotros mismos, aunque insistamos en buscarlas afuera. Es de los talleres más profundos y completos que he tomado en mi vida. Tanto que le pedimos por favor que continuara con esta formación en nuestro país.   
Ella sigue desarrollando y enriqueciendo éste y otros cursos para que sus alumnos —y, de hecho,  todo el que lo deseé— podamos seguir con nuestro proceso de crecimiento y certificarnos dentro de este sistema. Dentro de sus planes está volver en el último trimestre de este año. ¡Espero con mucha emoción su regreso!

Parecía muy complicado, pero dejé que mi cuerpo decidiera si estaba o no en condiciones de despertarse. (Foto:Pixabay)

¿Te ha sucedido alguna vez que sientes un deseo muy fuerte por hacer algo o estar en algún lugar sin que puedas entender por qué o que te parezca absurdo?  Se trata de un llamado de tu alma. A mi me ha pasado varias veces.

Hoy quiero contarte algo que me sucedió: por alguna razón que después comprendí, una amiga me invitó a tomar una segunda clase de Barras de Access. Yo ya tenía considerado asistir en CDMX y ésta era en Metepec. Las dos el mismo día. Lo más sencillo hubiera sido tomarla en mi ciudad, sin embargo, sentí un “jalón” por ir a la que me quedaba más lejos. La clase resultó ser maravillosa, sin embargo estando allí, la facilitadora, Nancy García, nos habló acerca de un taller que daría al día siguiente para contactar con tu SER.  Desde que escuché eso dije “tengo que venir”. Había varias situaciones en contra: se me acababan de fundir los faros del coche, no estaba contemplado dentro de mi presupuesto, no tenía en dónde dejar a “Pepina”, y para colmo, mi calle estaría cerrada debido al maratón.

Llegué a mi casa en la noche y revisé mis finanzas. Acababa de recibir un dinero totalmente inesperado el día anterior y que pensaba usarlo para inversión. Así que pensé ¿qué mejor inversión que ésta? Me sentía agotada y me debatía entre ir o no. Parecía muy complicado, pero dejé que mi cuerpo decidiera si estaba o no en condiciones de despertarse. Al día siguiente, amanecí como nueva, vi a “Pepina” y me dio toda la tranquilidad dejarla unas horas solita, me arreglé y caminé hasta una zona en donde supuestamente ya había acceso a los coches y pedí un taxi. El conductor se puso en contacto para decirme que estaban bloqueadas las vías. Pasaba el tiempo y yo tenía que tomar el autobús. Finalmente le pregunté a un oficial cómo podría llegar a Constituyentes. Me dijo que solamente por la lateral del Circuito Interior, pero que era peligroso.

En ese punto, pude haberme dado por vencida y regresar a mi casa, ya era mucho y “tal vez no era para mi”. Pero una voz me dijo “sigue”. Hoy me río de la aventura: me fui caminando sobre una banqueta tan angosta que me tuve que poner de espaldas a la pared e irme de ladito, había goteras en el techo del puente y partes en las que de plano me tuve que bajar al pavimento porque no había espacio. Durante mi travesía no pasó ningún coche y en cuanto llegué a una zona segura, ¡los coches empezaron a pasar! Fue algo que mi mente no comprendía en ese momento. Caminé en total como 40 minuto hasta que pude tomar un transporte que me llevara a la estación de autobuses y llegué a mi destino en punto. Más tarde comprendí para qué tenía que estar allí. Y que fue mi SER quien me estaba guiando. La próxima semana contaré más acerca de esta experiencia.

blog de roberta carriles

 Ábrete a las señales que encuentres y que te guían por el camino de tu corazón. (Foto:Pixabay)

Como saben, me encanta el tema de cerrar e iniciar nuevos ciclos, creo que si lo hacemos con conciencia podemos dar saltos importantes en nuestra vida y acercarnos a lo que realmente deseamos. Estas últimas semanas, desde el eclipse lunar del 23 de julio y el solar del 21 de agosto nos han estado preparando para vivir una nueva etapa personal de seis años que vamos a iniciar.

Seguramente te has dado cuenta que muchos pensamientos, situaciones, ideas, que en alguna época te ayudaron, ya cumplieron su objetivo y es momento de dejarlos ir para abrirte a nuevas posibilidades.

 Algo que escuché y leí en distintos medios es que estamos cerrando un periodo de seis años que iniciamos en 2011 y que nos preparó para que a partir de ahora reconozcamos nuestra misión de vida, la letra de la canción de nuestra alma, nuestro mantra personal.
 

Esta misión va más allá de nuestro trabajo, de nuestro rol familiar y social, del lugar en el que vivimos. Es única e individual y abarca todas nuestras actividades, tanto personales, como profesionales.

Te recomiendo que te des tiempos para reflexionar en todo lo que has hecho durante tu vida y especialmente en estos últimos seis años y que escuches a tu corazón. Pídele a Dios, al Universo, a tus Guías, a tus Ángeles que te ayuden a encontrar estos mensajes para que puedas ver con claridad de qué manera puedes contribuir con las personas que te rodean, con tu país y con el mundo. 

Entre más espacios dediques a esto, te será más fácil reconocer esta voz interna, pueden ser sensaciones corporales, emociones, ligereza…
 

Algo que estoy haciendo y que me gustaría compartir es escoger distintas áreas de mi vida, por ejemplo: la familiar. Pregúntate ¿qué estoy haciendo bien y quiero que permanezca? ¿Qué actitudes he tenido que ya no quiero? 
 
Lo mismo puedes hacerlo con proyectos laborales, personales: revisa uno a uno desde todos los ángulos: arriba, abajo, un lado, el otro y ve percibiendo tu cuerpo. Anótalo si te es más fácil para que lo puedas tener más claro. Ábrete a las señales que encuentres y que te guían por el camino de tu corazón.  Y sobre todo, confía en ti.

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Si tienes alguna mascota, te sugiero que te des tiempo de calidad con ella, es una gran escuela. (Foto: Pixabay)

Hoy hace un año llegó “Pepina” a mi casa. Como muchos casos, ella fue una perrita maltratada que vivió tres años amarrada y a la intemperie. Con ella he aprendido muchas lecciones que quiero compartir con ustedes. Yo estaba buscando una hembra chiquita para cuidar y que me acompañara a todos lados, una compañera perruna. Cuando me decidí, estuve deambulando y según yo, encontré a la ideal: una blanca y peluda que al acercarme, me ignoró. Finalmente llegué a un refugio.

De pronto salió lo más feo que había visto en mi vida: tan flaca que se caía de la debilidad, la mirada de tristeza muy profunda y las orejitas maltratadas. Me enternecí y pedí que me la prestaran mientras me hacían la entrevista. Ella me olió el cuello y se acurrucó en mis brazos, gruñéndole a todo el que se me acercaba. ¡En ese momento me di cuenta que ella me había adoptado! Aprendí lo importante que es decretar lo que deseamos en emociones y no ponerle envoltura. Así nos abrimos a todas las posibilidades que existen y que ni siquiera habíamos considerado y que pueden ser mejores de lo que imaginábamos. 

Durante un mes estuve observándola y me di cuenta que su mejor incentivo, más que premios, era que la apapachara y así la fui educando. Hoy incluso me da mucha risa que cuando vamos a pasear y se cansa, me agacho, le hago ‘piojito’ y es como gasolina, ¡sale corriendo a toda velocidad! Me ha enseñado que la vida es más sencilla de lo que creemos. Todos los días hacemos el mismo recorrido y ella sale emocionada como si fuera la primera vez. Vive el presente y se asombra con todo. Y la última lección que me encantó fue en el parque hace unos días. Yo estaba pensando en cómo conseguir un dinero para un curso que quería tomar. En eso “Pepina” empezó a jugar a que yo la persiguiera. Entre más corría atrás de ella, más lejos se iba y de pronto me senté en una banca y ella solita vino conmigo. Fue la respuesta que estaba buscando: cuando queremos algo y lo tratamos de “cazar”, más trabajo nos costará alcanzarlo. Por el contrario, si nos detenemos y confiamos, las cosas llegan… En resumen, las dos hemos contribuido a darnos una mucho mejor calidad de vida. Sin duda, me ha ayudado a ser mejor persona. Si tienes alguna mascota, te sugiero que te des tiempo de calidad con ella, es una gran escuela. Y si estás pensando en tenerla, no lo dudes ¡adopta! 

codependencia

Es cuando permitimos que la conducta del otro nos afecte y nos obsesionamos al tratar de cambiarlo. (Foto: Pixabay)

Hemos escuchado muchas veces el término codependencia y para [email protected] es algo que les asusta. Ponernos la etiqueta de codependiente suena muy fuerte, sin embargo, podría ser que en nuestras relaciones estemos manifestando esta tendencia y al detectar este tipo de actitudes, será más fácil salirnos de esta dinámica. La codependencia es una dependencia a los demás. Es cuando permitimos que la conducta del otro nos afecte y nos obsesionamos al tratar de cambiarlo. Los codependientes se muestran como controladores, pero en realidad son ellos los que son controlados. El lema de los codependientes es: “Tu problema es mi problema”, ya que lo que buscan es resolver a toda costa la dificultad del otro. La codependencia se da en triángulos. Éste empieza con una “víctima”, es decir, alguien que no tiene los recursos para salir de una situación. Si nosotros sentimos que sí podemos ayudarlo nos ponemos en el lugar del “salvador”. Este es el más atractivo, ya que nos hace sentir útiles y fuertes. Lo que sucede aquí es que el otro no se deja auxiliar, ni sigue nuestros consejos y tampoco reconoce todo el esfuerzo que estamos haciendo por él o ella.

Como consecuencia, nos sentimos impotentes, frustrados y enojados y lo único que nos interesa es poner solución al evento a toda costa. Es aquí cuando el “salvador” se convierte en “perseguidor”, y lo que en un principio hizo con amabilidad y apoyo, ahora lo reclama y exige, ya que considera que el otro está mal y sigue con sus problemas porque NO le hace caso. Y empieza a sentirse triste al no ser valorado por sus consejos y buena fe y termina como “víctima”.

Y como no hay víctima sin perseguidor, ahora el otro toma el rol y nos va a tratar de rescatar de esta situación.Cada quien tiene una tendencia, ya sea a ser víctimas o salvadores. En el primer caso, sientes que necesitas que alguien venga a auxiliarte con tus problemas porque crees que eres incapaz de resolverlos. En el segundo, cada vez que ves a alguien vulnerable, te sientes atraído y deseas protegerlo. Es importante darnos cuenta cada vez que nos sintamos en una u otra postura. La manera de resolver esto es sentirnos tan poderosos como el otro. Cuando dos personas se ven a los ojos y reconocen la fuerza que hay en cada uno de ellos, no habrá necesidad de ponerse abajo o arriba. Los dos reconocen su propio valor y el del otro y cada quien se dedica a trabajar en sus asuntos de una manera sana.