¿Cómo me puedo divertir hoy?

Hoy planteo la importancia de divertirnos. Te sorprenderás porque pase lo que pase, podrás mantenerte en tu centro. (Foto: Pixabay)

El único deber es el deber de divertirse terriblemente”. Oscar Wilde.

En las últimas semanas he estado escribiendo temas más ligeros y he tenido comentarios muy favorables al respecto, los cuales agradezco infinitamente. Esto se debe a que en mi búsqueda por enriquecerme como persona y contribuir de una mejor manera contigo, con mis consultantes, alumnos y radioescuchas, he encontrado opciones distintas y muy poderosas para vivir una vida más plena, feliz, en gratitud y en conciencia. Así es como he integrado a mis estudios el trabajo con ángeles y Access Consciousness.

Los resultados han sido estupendos. Me he dado cuenta que podemos experimentar caminos más agradables, aunque las situaciones externas a veces sean adversas. He encontrado que cuando estamos en la pregunta constantemente, es cuando el Universo nos muestra un menú muy variado de posibilidades que ni siquiera sabíamos que existían. Hoy planteo nuevamente la importancia de divertirnos. Si te levantas y haces esta pregunta: “¿cómo me puedo divertir hoy?” te sorprenderás porque pase lo que pase, podrás mantenerte en tu centro. Esto se debe a que la energía del gozo es tan fuerte, que al enfocarnos en ella y SER la alegría, todas las demás, a las que perseguimos constantemente como podrían ser: el dinero, la pareja o el sexo, llegan solas.

Parece como cuando estás en un lugar carcajeándote tanto, que la persona que te gusta, se acerca a ti sin que hagas nada para captar su atención, solamente porque contagias eso que estás siendo. A diferencia de cuando estás “cazando” a esa persona y que ni te voltea a ver. Antier, por ejemplo, tuve uno de  esos días que podría decirse que solamente falta que me hiciera pipí un perro. Me mudé de casa y estoy en la etapa de adaptación: tengo internet a ratos, actualicé mi celular y está fallando constantemente, fueron tantos gastos extras que llegó un momento en que los últimos 25 pesos que traía en la bolsa los di de propina, por lo que tuve que bajar el carrito pesadísimo en tacones por una rampa y casi me voy de boca; se atoró la puerta de mi cuarto a las 9 pm no sin antes pasear a “Pepina” en el parque, que fue cuando “Asimov”, decidió que era “su” espacio y me lo dejó muy claro.

En otro momento de mi vida habría estado desquiciada (sucedieron más cosas del estilo). Llevo tiempo practicando ser la diversión. Esta pregunta en sí es una herramienta que nos plantea Gary Douglas, fundador de Access, quien dice que en esta realidad estamos acostumbrados a vivir en lo difícil porque así lo hemos aprendido. Te invito a que durante esta semana, te hagas la pregunta todos los días al despertarte y me encantará conocer tus experiencias, que puedes compartir en mi página de FB “En mi mejor versión por Roberta Carriles Gibbon”.

 Sucede que cuando todo está bien, ni siquiera nos damos cuenta de si estamos agotando nuestras reservas de energía. (Foto: Pixabay)

Estamos en una época del año en la que parece que el mundo va más rápido de lo normal.  Vivimos con prisa por cerrar los últimos detalles, salir a las tiendas a comprar, fiestas, eventos, diversión. Se trata de un momento en el que también surge la nostalgia porque extrañamos a amigos y familiares que ya no están, ya sea porque murieron o porque están lejos físicamente.

Esta energía comienza cada vez con mayor anticipación. Los comercios están ofreciendo descuentos y adornos navideños desde meses antes, con lo que aumenta el estrés, aunque no nos demos cuenta.

Si esto puede afectar a quienes han llevado un ritmo tranquilo, imagínate cómo te podría perjudicar si ya traías vuelito y venías a toda velocidad. La sensación podría ser como de bajada en un juego en la feria.

Sucede que cuando todo está bien, ni siquiera nos damos cuenta de si estamos agotando nuestras reservas de energía, porque estamos tan contentos que no nos hacen falta. Lo mismo sucede con el dinero: cuando sientes que tienes gastas y gastas a veces sin control e incluso hasta tus ahorros.

Y de pronto ya estás pidiendo esquina y ni siquiera ha empezado lo bueno. ¿Has escuchado lo de “Paren al mundo, que me quiero bajar”? 

Bueno, para que no te suceda mi recomendación es que independientemente de la situación en la que te encuentres, estés al pendiente de lo básico: tu sueño, que tomes suficiente agua, que comas bien… Parece mentira, pero el pasar por alto las necesidades de nuestro cuerpo influye muchísimo en nuestro estado de ánimo y del mismo modo también nos regresa al equilibrio.

Imagínate que ya estás en el torbellino de las fiestas y  sientes que ya no te puedes bajar. Detente. Sí, aunque creas que no puedes, sí puedes. Descansa, tal vez es mejor cancelar un evento y dormir bien una noche que echarte todos los eventos agotado, de mal humor y sin disfrutar.

Haz una pausa y vuelve a tu centro. Ahí te darás cuenta que no es necesario acabar con tus fondos y que puedes tener algunos para recurrir a ellos cuando lo requieras. 
Escucha a tu cuerpo y se convertirá en tu mejor aliado.

 

 Sucede que cuando todo está bien, ni siquiera nos damos cuenta de si estamos agotando nuestras reservas de energía. (Foto: Pixabay)

Estamos en una época del año en la que parece que el mundo va más rápido de lo normal.  Vivimos con prisa por cerrar los últimos detalles, salir a las tiendas a comprar, fiestas, eventos, diversión. Se trata de un momento en el que también surge la nostalgia porque extrañamos a amigos y familiares que ya no están, ya sea porque murieron o porque están lejos físicamente.

Esta energía comienza cada vez con mayor anticipación. Los comercios están ofreciendo descuentos y adornos navideños desde meses antes, con lo que aumenta el estrés, aunque no nos demos cuenta.

Si esto puede afectar a quienes han llevado un ritmo tranquilo, imagínate cómo te podría perjudicar si ya traías vuelito y venías a toda velocidad. La sensación podría ser como de bajada en un juego en la feria.

Sucede que cuando todo está bien, ni siquiera nos damos cuenta de si estamos agotando nuestras reservas de energía, porque estamos tan contentos que no nos hacen falta. Lo mismo sucede con el dinero: cuando sientes que tienes gastas y gastas a veces sin control e incluso hasta tus ahorros.

Y de pronto ya estás pidiendo esquina y ni siquiera ha empezado lo bueno. ¿Has escuchado lo de “Paren al mundo, que me quiero bajar”? 

Bueno, para que no te suceda mi recomendación es que independientemente de la situación en la que te encuentres, estés al pendiente de lo básico: tu sueño, que tomes suficiente agua, que comas bien… Parece mentira, pero el pasar por alto las necesidades de nuestro cuerpo influye muchísimo en nuestro estado de ánimo y del mismo modo también nos regresa al equilibrio.

Imagínate que ya estás en el torbellino de las fiestas y  sientes que ya no te puedes bajar. Detente. Sí, aunque creas que no puedes, sí puedes. Descansa, tal vez es mejor cancelar un evento y dormir bien una noche que echarte todos los eventos agotado, de mal humor y sin disfrutar.

Haz una pausa y vuelve a tu centro. Ahí te darás cuenta que no es necesario acabar con tus fondos y que puedes tener algunos para recurrir a ellos cuando lo requieras. 
Escucha a tu cuerpo y se convertirá en tu mejor aliado.

 

Si verdaderamente deseas algo, hazlo tan patente que solamente encuentres puertas abiertas a tu paso. (Foto: Pixabay)

Es curioso cómo vivimos haciendo conclusiones acerca de todo y muchas veces lo hacemos en nuestra contra. Por ejemplo, quieres cambiar el coche y ¿qué es lo primero que te viene a la mente? Todas las formas en las que NO te lo puedes comprar; porque es caro, porque no te alcanza, porque no sabes manejar, porque tienes que hacer otros gastos antes.

Ni siquiera te das la oportunidad de imaginar cómo sería tenerlo, qué color te gusta más, a dónde viajarías en él… Estamos condicionados a ver en automático el NO. ¡Qué pesado!
Y este ejemplo lo podemos aplicar a todas las áreas de nuestra vida. Estamos rodeados de mensajes que nos invitan a cerrar las posibilidades. Desde niña me he rebelado ante esto, incluso llegué a llamarme hace poco “La mujer del Sí”.

Cada vez que se me presenta una idea de algo que deseo, por más insignificante que pueda ser, busco todas las formas en las que pueda acceder a eso y en la mayoría de los casos encuentro un camino que me acerca a mi objetivo.

Ahora sé que así funciona el Universo. Él está esperando darnos, pero es indispensable ser claros en cuanto al sentido de lo que estamos solicitando.

Si deseas hacer un viaje y lo único que haces es concluir que no lo vas a poder hacer, el Universo te va a responder ¡exactamente como lo solicitaste! Todo lo que experimentes a tu alrededor, serán señales de por qué no vas a viajar: te enfermas, salen gastos inesperados, te das cuenta que se venció tu pasaporte, no encuentras boletos de avión.

¿Qué pasaría si realmente quieres hacer ese viaje y empiezas a preguntar las maneras en las que puedas realizarlo? Los mensajes que recibirás irán en esa dirección: te pagan un dinero que te debían, encuentras los boletos en descuento, incluso ¡te lo puedes ganar en la rifa de Navidad de tu empresa!

Te invito a que dejes el miedo de lado y que si verdaderamente deseas algo, lo hagas tan patente, que solamente encuentres puertas abiertas a tu paso. Esto lo puedes aplicar incluso para pagar deudas que tienes, pregúntate: ¿Por dónde están las opciones para que logre mi objetivo?

Te aseguro que las posibilidades se presentarán frente a ti, debes estar [email protected]

 

 A veces parecería que nos llama mucho la atención crearnos problemas, tal vez para convencernos de que somos capaces de resolverlos. (Foto: Pixabay)

Existe una tendencia muy fuerte a enfocarnos en lo negativo: las noticias en los medios de comunicación hablan de tragedias, fraudes, terrorismo… las telenovelas son historias en las que toda la trama son sucesos desafortunados, hasta que llega el final feliz después de no sé cuántos capítulos. En ciertos grupos en las redes sociales, las publicaciones que tienen más seguidores son en las que se cuentan anécdotas a veces muy trágicas. No me malinterpretes, no estoy diciendo que la vida no tenga momentos difíciles, créeme que los he vivido y muchas veces. A lo que me refiero es a que estamos condicionados a buscar el “grano en el arroz” y a enfocarnos en lo negativo, tal vez porque la queja nos sea una manera “fácil” de expresarnos.

Pero ¿sabes cuánta energía gastamos en eso? A veces parecería que nos llama mucho la atención crearnos problemas tal vez para convencernos de que somos capaces de resolverlos. Y esto lo hacemos en todas las áreas de nuestra vida: familiar, relaciones y financiera. Durante muchos años yo decía que me gustaba “tomar el camino de Caperucita y con obstáculos”. Hoy me duelen los hombros al recordar cuántas veces lo dije. Y lo peor es que era verdad. ¿Cuál era la necesidad de hacer esto? ¿Qué no era más fácil tomar el camino del lobo y llegar más pronto? No, porque el lobo era “malo” y la Caperucita era la “buena”.

Son tantas las ideas que nos han implantado y que hemos comprado a través de los siglos en los que nos dicen frases como “el trabajo es trabajo y por eso cuesta”, “amar es sufrir”, “una buena madre es la que se sacrifica por su familia”. Y parecería que quien goza de la vida y la disfruta es un marciano, porque aquí se viene a pasársela mal y el que haga lo contrario es un egoísta.  

El mejor regalo que tenemos es el libre albedrío, el poder elegir de qué manera vamos a experimentar nuestra propia vida. ¿De qué sirve vivir reprochándonos lo que según nosotros hicimos mal o lo que nuestros padres hicieron mal? Cada vez que volvemos la vista hacia el pasado, estamos perdiendo una valiosísima oportunidad de vivir en el presente, que es lo único que tenemos en este momento.

Es muy personal la decisión de vivir en el trauma y en el drama o elegir el gozo cada día y en cada momento. Los detalles que normalmente consideramos insignificantes son los que nos hacen el día más alegre. Te propongo que durante la próxima semana inicies con algo muy sencillo: saluda a cuantas personas se crucen contigo y sonríeles… a ver qué pasa.

Preguntar es una de las herramientas más poderosas que existen.  Al hacerlo, abrimos la puerta a opciones que ni siquiera sabíamos que existían. (Foto: Pixabay)

He estado escribiendo mucho acerca de la maravilla que es hacer preguntas para abrirnos a posibilidades. Tal vez no me creas, porque a nuestra mente le gustan los retos, las cosas difíciles y como esto es tan sencillo, ¡le da flojera! Preguntar es una de las herramientas más poderosas que existen. Al hacerlo, abrimos la puerta a opciones que ni siquiera sabíamos que existían. Haz preguntas sin buscar respuestas, como dice Gary Douglas, fundador de Access Consciousness: “La pregunta abre posibilidades, las respuestas las cierran”. Esto es porque si ya te gustó algo, te quedas ahí. Pero ¿qué tal que había algo mejor esperándote?

Siempre he sido muy curiosa y preguntona, ahora que conozco y vivo ese poder que tienen las preguntas, me estoy divirtiendo muchísimo más. Preguntas y tal vez te dicen que no, ¿y qué tal que te dicen que sí? El chiste es el gozo de hacerlas SIN EXPECTATIVAS, eso es lo que crea la frustración y los topes. Siempre, siempre hay algo mejor.

Hace unos días fui a una venta de una tienda departamental. Me estoy mudando de casa y había comprado un sillón. Me hablaron por teléfono para decirme que me lo habían marcado mal y que tenía saldo a favor. Así que fui por mi cambio. Estando ahí vi que había unas monedas que podría intercambiar por regalos. Como era el último día, ya la mayoría se habían terminado. En eso encontré que uno de los productos disponibles era un procesador de alimentos que yo quería para hacer un pastel delicioso. Cuando llegué a la caja, resulta que me faltaban 41 monedas ¡y yo quería hacer mis pasteles! Le pedí al señor que me ayudara y me dijo que no podía…

Así que ante el asombro de él y de muchos que estaban junto a mí, empecé a decir en voz alta carcajeándome: “¿Quién me regala 41 monedas?” Todos rieron  conmigo y las señoras de mi derecha tenían sobrante y que me regalan no 41, sino ¡78!  Las abracé y pedí mi aparato. En eso me doy cuenta que la persona de mi izquierda quería también el suyo, así que le di las monedas restantes. Y se me ocurrió un juego: propuse que todos diéramos las monedas que nos quedábamos a la persona junto a nosotros para ver cuántas le llegaban al último. Tal vez hasta un regalo completo le daban y así empezamos todos riéndonos y pasando nuestras monedas. Me acordé que hace unas semanas escribí “el cielo es cuando tú le das al de la izquierda y el de la derecha te da a ti”. ¿Estás [email protected] a ser la magia que crea el cielo en la tierra?