Cuando solo eres y entonces recibes

Vivimos en la mentira de que las cosas son lineales: hago tanto, gano tanto. Crédito: Cortesía 

En esta realidad estamos muy acostumbrados a la acción: le damos un valor enorme a hacer, y a hacer, y a hacer cosas para que podamos reconocer que somos valiosos o que reconozcan que somos valiosos.

Vivimos en la mentira de que las cosas son lineales: hago tanto, gano tanto. ¿Es verdad? ¡Claro que no! ¿Te ha pasado que, por más que hagas, no ves un cambio en tu vida? ¿Qué tal que lo que se requiere es precisamente que dejes de hacer y de dar, y que más bien seas y recibas. Que reconozcas que tu sola presencia es suficiente para que las cosas cambien.

Es como la energía de un bebé: no tiene que hacer nada para recibir lo que requiere. Y así llegamos todos a este mundo: con esa apertura a recibir simplemente por ser. Mira a tu alrededor, a la naturaleza, los árboles reciben la lluvia y el sol y no trabajan por ello.
Somos seres infinitos y un SER infinito: sabe, es, recibe y percibe. ¿Qué tal que lo que se requiere es más bien un cambio de chip, algo más interno que hacia fuera, un reconocimiento propio y sin juicio de nosotros mismos para acceder a esa grandeza que somos más allá de los resultados que se esperan?

¿Conoces a alguien que sea como un imán y que todos deseen su compañía? Se trata de personas que están abiertas a recibir y que reconocen su fuerza en ser.     

Como seres infinitos no estamos definidos por un género sexual, sin embargo al tomar un cuerpo entramos a este mundo de polaridad en el que existen dos energías: masculina y femenina. Durante siglos ha sido muy valorada la masculina, que es la que se refiere a la acción, a este hacer, y hemos olvidado el valor de la energía femenina, que es la de la creación, la de recibir.

Sin importar si tienes cuerpo de hombre o mujer, tienes la capacidad de acceder a ambas energías. El chiste está en saber cuándo requieres una y cuándo la otra.

Y no estoy diciendo que de ahora en adelante te pongas en un pedestal para que te alaben y no muevas un dedo. Se trata más bien de un reconocimiento para saber qué energía se requiere en cada situación.

¿Estarías dispuesto a probar tu capacidad de elegir cuándo das y cuándo tomas, cuándo eres y cuándo haces? A fluir como la música: cuando se requiere sonido y cuando silencio…

Blog The Bright Side, blog roberta carriles

Algo que me ha divertido mucho es descubrir que los resultados no necesariamente son los que creímos. (Créditos: Pixabay)

 

Estamos acostumbrados a ver los efectos de las situaciones de manera lineal: “si doy estos pasos, los resultados serán estos”. Algo que me ha divertido mucho es descubrir que los resultados no necesariamente son los que creímos, sino que aparecen en direcciones a veces inesperadas por nuestra mente.

Nos gusta controlar todo y minimizar los riesgos, sin embargo, cuando elegimos fluir y estar abiertos a que existen miles, millones de posibilidades ahí esperándonos a que nos demos cuenta y las elijamos , podemos divertirnos y maravillarnos de todo lo que nos perdemos al estar siguiendo estructuras rígidas de pensamiento y acciones.

Como ya he mencionado en otras ocasiones, nuestros cuerpos son una brújula que nos aporta información muy valiosa para reconocer estas oportunidades.

¿Qué tal cuando se nos eriza la piel con algo que escuchamos o percibimos? ¿De verdad crees que es porque había viento? ¿Qué tal que eso es un mensaje de tu cuerpo diciéndote que sigas eso o que le gusta algo? ¿O cuando de pronto sientes tanto espacio con él que flotas? ¿Y qué me dices cuando de pronto se contrae y relaja, como diciéndote “sí”?

Cada uno de nosotros recibimos esta información de manera diferente y en distintas circunstancias. También puede cambiar la forma en la que nuestro cuerpo nos comunica algo que puede ser beneficioso para nuestras vidas, mucho más allá de lo obvio.

Hace poco una consultante me contó una historia que me gustaría compartir hoy contigo. Ella estaba pasando por una época de su vida muy complicada y estaba buscando trabajo. Le ofrecieron un puesto que de momento le llamó la atención y a la mera hora esa vacante no estuvo disponible, por lo que le ofrecieron otra opción que no se parecía nada a la original y que cualquiera, usando la lógica hubiera rechazado de inmediato. Sin embargo, no sabe por qué, pero algo sintió en su cuerpo que le dijo, “tómalo”.

Siguió la señal y fue precisamente en ese lugar cuando conoció a quien es hoy su esposo por más de 15 años. Formaron una familia muy bonita y un negocio próspero. Mi invitación el día de hoy es que te abras a recibir esas señales y que invites a tu cuerpo a reconocerlas y lo más importante, que elijas ir hacia allá por más irracional que esto parezca. Te aseguro que encontrarás regalos detrás de aquello que de momento no puedes ver. 

Blog Roberta Carriles, Blog The Bright Side

(Créditos: Pixabay)

Vivimos en un mundo que cada vez va más rápido, la tecnología nos sirve de herramienta para agilizar y optimizar nuestras vidas en muchos aspectos, sin embargo vivimos bombardeados de información por todos lados.

Esto puede hacer que en un momento dado nos veamos inmersos en un remolino en el que ya no sabemos ni a dónde vamos. Los días a veces nos van sacando pendientes como si en realidad de eso se tratara vivir.

Muchas veces ya ni nos detenemos a contemplar lo que pasa a nuestro alrededor y a cuestionarnos si realmente lo que estamos haciendo se parece a la vida que deseamos.

Como somos antenas, captamos muchas señales que nos causan ruido y nos cuesta sintonizarnos con quien realmente somos y por lo tanto nos sentimos agotados.

Te invito a que hagas una pausa y a que replantees si este camino que estás andando es realmente lo que te está acercando a esa vida que tanto has soñado, que voltees a tu alrededor.

Respira, observa el paisaje. ¿Qué hay ahí que no te has dado ni cuenta por estar como caballo de carreras? ¿Qué está pasando a tu alrededor? ¿Qué está sucediendo contigo?

Siéntate si quieres, aunque parezca que estás perdiendo el control puede ser exactamente lo contrario. ¿Qué tal que más bien tu piloto automático de tantos años es el que lleva las riendas?

¿Hacia dónde vas? ¿Qué trae adentro esa maleta que llevas cargando? Ya ha pasado tanto tiempo que ni siquiera te has dado cuenta de que tal vez lo que llevas en ella ya ni siquiera te sirve hoy. Tal vez algunas cosas que te funcionaron en el pasado en este momento ya están caducas. Saca una por una y si ya no las requieres hoy, déjalas en el camino.

Pregúntate ¿cómo sería la vida que deseo? Lo que tienes hoy ¿se parece o te acerca? ¿O más bien te está alejando?

¿Qué tendrías que hacer? ¿Cambiar de ruta? ¿Cambiar de ritmo? ¿En cuántos lugares de tu vida esta información que recibes te ha confundido tanto al grado de estar corriendo una carrera que ni siquiera es la tuya? Creíste que eso era lo que deseabas y tal vez no es así. ¿Es momento de sacar un nuevo mapa? ¿Es momento de trazar tu propio mapa?

Como darle prioridad a lo que me importa en la vida

Al cabo de un tiempo te darás cuenta que ya lo haces de manera natural y que estás viviendo la vida que deseas. ¿Te comprometes contigo? (Créditos: Pixabay)

 

Muchas veces decimos que deseamos ciertas cosas en nuestra vida y al mismo tiempo no hacemos nada al respecto. Por ejemplo: nos encanta leer, sin embargo no nos damos ni un minuto al día para hacerlo o según nosotros, nuestros amigos son lo más importante y jamás les mandamos un mensaje siquiera.

El día de hoy quiero proponerte un ejercicio para que te des cuenta realmente si lo que estás viviendo como importante en tu vida es parecido o está muy lejos de lo que dices que te interesa.

Toma un papel y divide en tres columnas. En la primera haz una lista de todos los aspectos que son de interés para ti : hijos, familia, pareja, amigos, trabajo, diversión, descanso, salud, ejercicio, entretenimiento, vida social, tiempo contigo, trabajo social, lectura y puedes añadir lo que sea.

En la segunda columna junto a cada uno de ellos pon una calificación del 1 al 10 de acuerdo a lo que según tú te importa cada uno de esos aspectos, de cómo sería el ideal en tu vida. Y en la tercera columna pon el número de lo que estás haciendo realmente al respecto. Es importante que seas [email protected] para que te des cuenta exactamente en dónde estás.

Probablemente te des cuenta de que hay una congruencia entre lo que dices que deseas y lo que vives, sin embargo tal vez existe una diferencia muy grande y tu vida no tiene el equilibrio que estás buscando. Ahora, de los que te salieron más bajos en puntuación, escribe aparte tres o cuatro actividades o maneras en las que podrías mejorar esos aspectos.

Por ejemplo: si te das cuenta de que tu vida social es nula, escribe opciones de cómo podrías tener actividades que te lleven a tenerla. O con el ejercicio, puedes poner: “salir a caminar media hora 3 veces por semana” o lo que se te ocurra.

Aquí el chiste es que durante la siguiente semana, te comprometas contigo a llevar a cabo por lo menos una actividad (o más, si así te parece bien) con respecto a esas áreas de tu vida que consideras importantes y que tal vez no les estés dando el tiempo.

Haz esto por una semana y vuelve a revisar lo que anotaste. ¿Cómo te sientes? Si crees que todavía te faltó, añade más formas en la que puedas integrar a tu vida eso que deseas. Puedes hacerlo cada semana e ir añadiendo cosas nuevas. Sé [email protected], se trata de divertirse, no de pasársela mal y que esto se convierta en una tortura.

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¿En cuántas áreas de tu vida eres una y en cuántas otra? ¿Estarías [email protected] a encontrar la gran potencia que tienes en ambas opciones? (Créditos: Pixabay)

Llevo meses preparando una clase como anfitriona que se llama “La Voz Correcta para ti”. Desde el principio me llamó mucho la atención, ya que más allá del título –que muchas veces se queda enfocado solamente en personas que desean dedicarse al canto o la oratoria– percibía que en ella encontraría algo más allá de eso.

Nuestra voz es la manera en la que nos comunicamos en el mundo, y va más allá de la mera expresión verbal, tiene que ver con quiénes somos y con cómo activar nuestra potencia para realmente transmitirla. Hoy me gustaría compartirte algo que me fascinó. En uno de los ejercicios hablamos acerca de la armonía y la melodía. Por lo general relacionamos la melodía con el liderazgo, y esto es porque en este mundo es muy reconocido “llevar la voz cantante”, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, existe también la armonía, ese espacio en el que la melodía puede ser aún más potente y, al mismo tiempo, sin ella se reconoce con menos fuerza.

Si aplicas esto a tu vida, podrás darte cuenta en qué momentos eres o has sido melodía y en qué otros armonía. Es algo parecido a las energías masculina y femenina. La masculina es la acción, la que se ve, e incluso la que se reconoce más para generar ingresos económicos. En cambio, la armonía es como la femenina, que tiene que ver con sostener.

Y no se trata de competencia ni de determinar cuál es más importante que la otra, sino con cómo funciona cada una. Hace unas semanas escribí justamente de estas energías, tocándolas desde el punto de vista masculino y femenino; y en estos días descubrí otra manera en la que podemos percibir esto, sin el peso de que suene a “competencia”, que –nos guste o no–existe entre hombres y mujeres.

Plantearlo en términos de música, me parece una manera mucho más suave de comprender, y de recibir estos dos tipos de energía, para darnos cuenta de que podemos ser las dos. Precisamente en mi trabajo personal me he dado cuenta de que yo tengo las dos, y de que me sucedía algo muy curioso: por un lado le daba el valor económico al ser melodía y por el otro me frustraba cuando siendo armonía no encontraba ese reconocimiento. Hoy me di cuenta de que el primer reconocimiento nos lo tenemos que dar nosotros mismos, ya que al reconocer ese valor, lo podemos transmitir a los demás. ¿En cuántas áreas de tu vida estás siendo una y en cuántas la otra? ¿Estarías [email protected]  a observarlo y a encontrar que en ambas opciones tienes una gran potencia? ¿Cómo sería tu vida si lo hicieras?

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Hemos crecido con la idea de que debemos ser infalibles y elegir lo correcto, lo que está bien. (Créditos: Pixabay)

Desde niños nos enseñan que “tenemos que” elegir algo y el peso es aún mayor porque no nos podemos equivocar. Hemos crecido con la idea de que debemos ser infalibles y elegir lo correcto, lo que está bien.

¿Qué tal suena eso? “Tenemos que” y “debemos de” son una imposición que por sí mismas crean una pesadez y solidificación en las que no hay margen de movimiento en nuestras decisiones.

¿Lo que “es correcto”? ¿Lo que “está bien”? ¿Según quién? Y ha sido repetido tan mecánicamente que muchas veces ni siquiera lo cuestionamos. ¿Esto es verdadero para mi? 

Desde ese punto de vista es difícil cambiar de opinión o de rumbo y a que además las opciones que nos dan son muy limitadas porque se han repetido durante años en nuestras familias, el país en el que vivimos y en el mundo que parecería que esta repetición es la que valida como ciertos estos procesos. Cada vez que definimos algo, nos cerramos: eso no puede ser otra cosa más que la descrita por la definición. Y esto nos limita porque si ya determinamos que somos de cierta manera esto quiere decir que no nos damos la opción de cambiar. 

¿Cuántas definiciones tienes de ti que no te permiten ser alguien distinto si así lo desearas? Por ejemplo: si decidiste que tenías que ser el o la fuerte ¿qué pasa en momentos en los que no estás pudiendo con el peso? ¿Y cuánto te juzgas por no ser eso que te dijeron y decidiste que tenías que ser “siempre”? 

Por otro lado, imagínate a una persona a quien en su familia solamente le dieron dos opciones: casarse y formar una familia o quedarse a vivir en su casa con sus padres si se quedaba [email protected] Entonces si no desea ninguna de las dos, tenías que ser el “malcasado” o el “solterón”. ¿Cuántas posibilidades más existen entre estos dos extremos que ni siquiera son apreciadas? 

Como en este ejemplo ¿en cuántas áreas de tu vida estás estancándote por ni siquiera considerar que pudiera existir algo distinto a lo que crees que es posible para ti? ¿Qué tal que hubieran más posibilidades que ni siquiera has reconocido? ¿Qué tal que además de melón o sandía existieran pera, plátano, jitomate, higo, mangostán? ¿Qué tan [email protected] estás a descubrirlas?